martes, 12 de abril de 2016

La niña de las nieves







LA NIÑA DE LAS NIEVES






Cuento-Poema








Antonio Silva Mojica



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Éramos niños. Una mañana
fuimos descalzos, quebrada arriba,
pisando el musgo que al pie del agua
reverdecía.

Juntando flores iba mi hermana
cantando sola; su vocecita
con el murmullo de la quebrada
se confundía.

Trinos y vuelos entre las ramas
y un fresco soplo que las mecía;
cielo turquesa y un sol de plata
que sonreía.

Al ir subiendo, más limpia el agua;
al ir subiendo, más y más fría.
Y al fin hallamos, sobre la grama,
nieve dormida.

La niña corre, y entusiasmada
levanta un copo, que la extasía;
dos inocencias, lindas hermanas
que se atraían.

Bésala, ingenua, con dicha y gracia;
luego la exprime… y esas manitas
lucieron tersas y sonrosadas,
nuevas y frías.

Puestas de nuevo nuestras sandalias,
¡cómo pisamos con alegría,
cómo la fuente nos salpicaba
con su llovizna!

Súbito hallamos una cascada;
curiosa y ágil se acerca Milvia.
¿Habrase visto? Clamó admirada.
¡Ven y adivina!

Glaciales linfas cristalizadas,
quietas y mudas como en filmina;
diáfanos hielos aprisionaban
la fuentecita.

Lancé a los hielos una pedrada,
se desgranaron cristalerías…
trozos de vidrios alza mi hermana
por las orillas.

Brilló el milagro de la cascada
cual pulcra novia que sonreía;
y un arco iris la endiademaba,
chal de neblinas.

Cuando quisimos seguir la marcha
y hacia los montes alcé la vista,
de blancas nieves limpia montaña
resplandecía.

Escalofrío sentí en el alma,
la niña llora de pura dicha;
madura el rojo de sus manzanas
y se santigua.

Mudos de asombro, con lenta marcha
vamos subiendo, mano cogida.
¡No la pisemos, digo a mi hermana,
se mancharía!

Yo me descalzo, la Sierra es santa.
Descalza entonces entra y camina…
y un senderito de huellas anda
tras de la niña.

Sedas azules las de su falda,
juegan al soplo de inquieta brisa;
y ella sonríe porque sus plantas
sienten cosquillas.

Ahora entiendo, dice con gracia:
todas las nubes, aquí principian;
todo el granizo, de aquí lo sacan,
su blanca mina.

Por vez primera si comulgara,
ajuar de nieve me vestiría.
¿Quién fuera Sierra, que se abrigara
con piel tan linda!

Helados copos yo devoraba,
pero al comerlos, nada comía;
pues, desatados, en fría nada
se convertían.

Hendiendo fuimos densa nevada
que hasta la frente nos consumía.
¡Tantas sorpresas ya nuestra infancia
no resistía!

Entrando abortos por gruta helada
desembocamos, ¡oh maravilla!
en laberinto de columnatas
y estalactitas

Cielos de vidrio, luz irisada,
que todo enjoya de pedrerías;
lagos de hielo, cisnes y garzas
de fantasía.

Cual mariposa la niña entraba
con ágil talle de bailarina;
límpidos ecos multiplicaban
su algarabía.

Frágiles hielos se desgranaban
con dulce arpegio de campanillas,
y en la caverna los ecos daban
son de marimbas.

Tanta belleza nos extasiaba,
¡cómo adoramos con las pupilas!
Las claraboyas se sonrojaban,
sol de agonía.

¡Crujió el recinto, cual si fallara
la cordillera! ¿Se cerraría?
Vámonos, Milvia, por algo llaman
“La Serranía”.

Cuando quisimos volver a casa
dar no pudimos con la salida;
a cada vuelta nos engañaban
más galerías.

Al fin salimos por grieta helada;
y hasta el ocaso, que rojo ardía,
un mar de nubes a nuestras plantas
todo cubría.

¿Dónde las huellas de nuestra marcha?
virgen de nuevo la Serranía.
Bajando fuimos la tersa falda
con miedo y prisa.

Me dio la mano, que tiritaba,
y hendiendo fuimos nube sombría.
Llegó la noche, ventisca brava
nos embestía.

Por afianzarme solté a mi hermana,
rodó en las sombras…La llamo: ¡Miiiilviaaa!
Y el raudo viento que me azotaba
mi voz cubría.

Mi cruel angustia volviose lágrimas,
de horror mi pecho ¡cómo latía!
¡Solo en la noche de las montañas
y sola Milvia!

Sopor de altura me aletargaba,
Caí rendido soñando en Milvia.
¿Por qué tu mano que tiritaba
solté, reinita?

¿Por qué la gruta nos demoraba
mientras que lejos el sol moría
y atribulados allá en la casa
nos buscarían?

Cuando subimos por la quebrada,
cuando risueña, nieve comías
mientras al viento cabello y falda
se deshacían…

Esos rubores de tus manzanas
y esos hoyuelos de tu boquita…
¿No supe serles ángel de guarda?
¡Perdón, reinita!

Si a ti las nieves te cautivaban,
a mí el donaire de tu sonrisa.
Primor de cielos era tu gracia
cuando decías:

“Por vez primera si comulgara,
ajuar de nieve me vestiría.
¡Quién fuera Sierra, que se abrigara
con piel tan linda!"

………………….


Pasaron días, despierto en casa.
Llorando en torno mis hermanitas,
menos aquella, sonrisa y gracia,
mi manzanita.

¿Por qué me hallaron? Sentí nostalgia.
Ella en la gruta quizás habita.
¡No haber yo muerto bajo la helada
que nos cubría!

Que solo hallaron, alguien relata,
dispersas flores quebrada arriba;
musgo en las nieves y unas pisadas
en la colina.

Que por las nieves, deshecha en lágrimas,
vagó mi madre clamando: ¡Miiilviaaa!
Y de las nieves, la noche entrada,
bajó sin Milvia.

Mamá, no llores, hoy es la Pascua;
traje de nieves ya estrena Milvia.
Tendrá en los Cielos su eterna infancia.
Dios la quería.


F I N


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Vocabulario


Absorto        admirado, extasiado
afianzarse    sostenerse, agarrarse
ajuar            traje especial, vestido
aletargar     causar somnolencia
algarabía     gritería confusa
arpegio        sucesión armoniosa de notas musicales
asombro      admiración, sorpresa
chal              chalina, pañoleta elegante
claraboya    entrada de luz por el techo
columnata   conjunto de columnas
endiademar coronar con diadema  
diáfano      transparente       
estalactitas hielos colgantes del techo de las cavernas
falda          ladera de una montaña 
filmina       fotografía en colores
galería        sala amplia, pasadizo
glacial        congelado
gruta          cueva, caverna
hender       abrirse paso por
irisado        que refleja los colores del arco iris
laberinto    lugar de muchas entradas y salidas
linfa           agua  (en poesía)
murmullo  sonido agradable de un arroyo       
nostalgia    tristeza causada por los recuerdos
pedrería     profusión de piedras preciosas
pulcra        bella y limpia
sendero      camino
sopor          adormecimiento
súbito         de repente (adverbio)
tersa           limpia y suave
turquesa    piedra preciosa de color celeste
ventisca      borrasca de nieve

4 comentarios:

  1. Muchas gracias por sus letras tan hermosas que invitan a soñar.

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  2. Que bonito padre me sentí en el río mientras leía.

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  3. Inspiración celestial hay en cada poema pues es Dios al final quién se refleja en las letras. Gracias padre Antonio Silva Mojica

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  4. Adoro este cuento Toñito. Me recuerda mi infancia. Gracias por publicarlo aqui. Beatriz Eugenia

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