Cuento-Poema
Antonio Silva Mojica
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Éramos niños. Una mañana
fuimos
descalzos, quebrada arriba,
pisando
el musgo que al pie del agua
reverdecía.
Juntando
flores iba mi hermana
cantando
sola; su vocecita
con
el murmullo de la quebrada
se
confundía.
Trinos
y vuelos entre las ramas
y
un fresco soplo que las mecía;
cielo
turquesa y un sol de plata
que
sonreía.
Al
ir subiendo, más limpia el agua;
al
ir subiendo, más y más fría.
Y
al fin hallamos, sobre la grama,
nieve
dormida.
La
niña corre, y entusiasmada
levanta
un copo, que la extasía;
dos
inocencias, lindas hermanas
que
se atraían.
Bésala,
ingenua, con dicha y gracia;
luego
la exprime… y esas manitas
lucieron
tersas y sonrosadas,
nuevas
y frías.
Puestas
de nuevo nuestras sandalias,
¡cómo
pisamos con alegría,
cómo
la fuente nos salpicaba
con
su llovizna!
Súbito
hallamos una cascada;
curiosa
y ágil se acerca Milvia.
¿Habrase visto? Clamó
admirada.
¡Ven y adivina!
Glaciales
linfas cristalizadas,
quietas
y mudas como en filmina;
diáfanos
hielos aprisionaban
la
fuentecita.
Lancé
a los hielos una pedrada,
se
desgranaron cristalerías…
trozos
de vidrios alza mi hermana
por
las orillas.
Brilló
el milagro de la cascada
cual
pulcra novia que sonreía;
y
un arco iris la endiademaba,
chal
de neblinas.
Cuando
quisimos seguir la marcha
y
hacia los montes alcé la vista,
de
blancas nieves limpia montaña
resplandecía.
Escalofrío
sentí en el alma,
la
niña llora de pura dicha;
madura
el rojo de sus manzanas
y
se santigua.
Mudos
de asombro, con lenta marcha
vamos
subiendo, mano cogida.
¡No la pisemos,
digo a mi hermana,
se mancharía!
Yo me descalzo, la Sierra es santa.
Descalza
entonces entra y camina…
y
un senderito de huellas anda
tras
de la niña.
Sedas
azules las de su falda,
juegan
al soplo de inquieta brisa;
y
ella sonríe porque sus plantas
sienten
cosquillas.
Ahora entiendo, dice
con gracia:
todas las nubes, aquí principian;
todo el granizo, de aquí lo sacan,
su blanca mina.
Por vez primera si comulgara,
ajuar de nieve me vestiría.
¿Quién fuera Sierra, que se abrigara
con piel tan linda!
Helados
copos yo devoraba,
pero
al comerlos, nada comía;
pues,
desatados, en fría nada
se
convertían.
Hendiendo
fuimos densa nevada
que
hasta la frente nos consumía.
¡Tantas
sorpresas ya nuestra infancia
no
resistía!
Entrando
abortos por gruta helada
desembocamos,
¡oh maravilla!
en
laberinto de columnatas
y
estalactitas
Cielos
de vidrio, luz irisada,
que
todo enjoya de pedrerías;
lagos
de hielo, cisnes y garzas
de
fantasía.
Cual
mariposa la niña entraba
con
ágil talle de bailarina;
límpidos
ecos multiplicaban
su
algarabía.
Frágiles
hielos se desgranaban
con
dulce arpegio de campanillas,
y
en la caverna los ecos daban
son
de marimbas.
Tanta
belleza nos extasiaba,
¡cómo
adoramos con las pupilas!
Las
claraboyas se sonrojaban,
sol
de agonía.
¡Crujió
el recinto, cual si fallara
la
cordillera! ¿Se cerraría?
Vámonos, Milvia, por algo llaman
“La Serranía”.
Cuando
quisimos volver a casa
dar
no pudimos con la salida;
a
cada vuelta nos engañaban
más
galerías.
Al
fin salimos por grieta helada;
y
hasta el ocaso, que rojo ardía,
un
mar de nubes a nuestras plantas
todo
cubría.
¿Dónde
las huellas de nuestra marcha?
virgen
de nuevo la Serranía.
Bajando
fuimos la tersa falda
con
miedo y prisa.
Me
dio la mano, que tiritaba,
y
hendiendo fuimos nube sombría.
Llegó
la noche, ventisca brava
nos
embestía.
Por
afianzarme solté a mi hermana,
rodó
en las sombras…La llamo: ¡Miiiilviaaa!
Y
el raudo viento que me azotaba
mi
voz cubría.
Mi
cruel angustia volviose lágrimas,
de
horror mi pecho ¡cómo latía!
¡Solo
en la noche de las montañas
y
sola Milvia!
Sopor
de altura me aletargaba,
Caí
rendido soñando en Milvia.
¿Por qué tu mano que tiritaba
solté, reinita?
¿Por qué la gruta nos demoraba
mientras que lejos el sol moría
y atribulados allá en la casa
nos buscarían?
Cuando subimos por la quebrada,
cuando risueña, nieve comías
mientras al viento cabello y falda
se deshacían…
Esos rubores de tus manzanas
y esos hoyuelos de tu boquita…
¿No supe serles ángel de guarda?
¡Perdón, reinita!
Si a ti las nieves te cautivaban,
a mí el donaire de tu sonrisa.
Primor de cielos era tu gracia
cuando decías:
“Por vez primera si comulgara,
ajuar de nieve me vestiría.
¡Quién fuera Sierra, que se abrigara
con piel tan linda!"
………………….
Pasaron días, despierto en casa.
Llorando
en torno mis hermanitas,
menos
aquella, sonrisa y gracia,
mi manzanita.
¿Por
qué me hallaron? Sentí nostalgia.
Ella en la gruta quizás
habita.
¡No
haber yo muerto bajo la helada
que
nos cubría!
Que
solo hallaron, alguien relata,
dispersas
flores quebrada arriba;
musgo
en las nieves y unas pisadas
en
la colina.
Que
por las nieves, deshecha en lágrimas,
vagó
mi madre clamando: ¡Miiilviaaa!
Y
de las nieves, la noche entrada,
bajó
sin Milvia.
Mamá,
no llores, hoy es la Pascua;
traje
de nieves ya estrena Milvia.
Tendrá
en los Cielos su eterna infancia.
Dios
la quería.
F I N
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Vocabulario
F I N
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Vocabulario
Absorto admirado, extasiado
afianzarse sostenerse, agarrarse
ajuar traje especial,
vestido
aletargar causar somnolencia
algarabía gritería confusa
arpegio sucesión armoniosa de
notas musicales
asombro admiración, sorpresa
chal chalina, pañoleta
elegante
claraboya entrada de luz por el
techo
columnata conjunto de columnas
endiademar
coronar con diadema
diáfano transparente
estalactitas hielos colgantes del techo
de las cavernas
falda ladera
de una montaña
filmina fotografía en colores
galería sala amplia, pasadizo
glacial congelado
gruta cueva, caverna
hender abrirse paso por
irisado que refleja los colores
del arco iris
laberinto lugar de muchas entradas y
salidas
linfa agua (en poesía)
murmullo sonido agradable de un
arroyo
nostalgia tristeza causada por los
recuerdos
pedrería profusión de piedras preciosas
pulcra bella y limpia
sendero camino
sopor adormecimiento
súbito de repente (adverbio)
tersa limpia y suave
turquesa piedra preciosa de color
celeste
ventisca borrasca de nieve






