LA NIÑA VOLANDERA
Cuento - Poema
Antonio Silva Mojica
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con unos
ojos estrellas!
Era un
manojo de risas
entre los
rizos de seda.
Festiva y
siempre cantando,
lució por
nombre Mireya;
su perro,
siempre jugando,
Lobo, de altivas orejas.
Era mi
hermana menor
y en la
familia la reina;
de mis
padres la ilusión,
de los
grandes la muñeca.
Ayudome a
fabricar
una gigante
cometa
que superó
mi estatura,
mis
ilusiones y fuerzas.
Y en limpia
tarde salimos
al valle de
las palmeras
cuando
agitaban las brisas
el saucedal
de la vega.
En
torbellino de agosto
giraban las
hojas secas,
y a Mony se le ocurrió
meterse a la
ventolera.
Casi el
viento la desviste,
y
avergonzada y risueña
con ambas
manos insiste
por cubrir
sus blancas piernas.
Mientras yo
ataba, nervioso,
la cola de
mi cometa,
los vientos
me la pedían
soplando con
impaciencia.
Y
arrebatáronme al fin
mi flamante
y roja estrella
y al cielo
se la llevaron
reclamando
cuerda y cuerda.
Rumbaba el
hilo en mis manos,
se agotaba
la madeja;
ladraba el
Lobo y corría,
gritaba loca
Mireya.
Cantaban los
zumbadores,
flotaban las
cabelleras;
y me quemaba
las manos
la piola con
su carrera.
Vivos
colores lucía
y
encabritadas piruetas;
era la novia
del cielo
mi bailarina
cometa.
Si le
templaba, subía
con
ondulante carrera,
tensando el
níveo sedal
por el azul
de turquesa.
Enviámosle telegramas
que
arribaban por la cuerda;
la niña
escribió con lápiz:
Besos y abrazos. Mireya.
Y el cariñoso
mensaje
subió
girando de urgencia,
mas se voló
por el aire
sin llegar a
la cometa.
La niña
escribe a los Cielos:
¡Oh Señor, mañana esa!
Sin prever
que a lo mejor
sus palabras
se cumplieran.
Y el
infantil cablegrama
subiendo
cual rauda flecha,
cumplió su entrega inmediata
contra la
esquiva cometa.
La cual
jugaba en azul
entre
neblinas viajeras,
mientras
bailaba el ciclón
con traje de
veraneras.
¡Triunfante
y loca subía
con
arrogante potencia!
Más y más
cable pedía,
pero acabose
la cuerda.
Até la punta
en el talle
de la
entusiasta chicuela,
que a duras
penas lograba
contrarrestar
la violencia.
Y mientras
yo preparaba
nuestra
segunda madeja,
se fue la
niña de rastras
por entre
flores inquietas…
En vano las
manecitas
se agarraban
de las yerbas;
era una
niña-trineo
y a remolque
de cometa.
Su Lobo la
perseguía
feliz con la
jugarreta,
y enredaba
más la pita
con
cachumbos y arandelas.
Aguardábalos
el río
cuando
acabaran la vega;
corrí a
salvar a mi niña
que surcaba
la pradera…
Cuando casi
la prendía
subió más
raudo el cometa
y alzó a la
niña en los aires
como alzar
una muñeca.
Salté con
todos mis bríos
y agarré sus
arandelas,
mas
descendieron mis manos
con un jirón
de sus sedas.
Colgaba del
cinturón
la increíble
maromera;
desprendiose
una sandalia,
volaban
flores y yerbas.
Con
lastimeros aullidos
Lobo,
ululante, se queja;
su Roja
Caperucita
se le escapó
de la tierra.
Encumbrábase
la niña
sobre las
aguas revueltas;
no sé si
llantos o risas
gritaba
entre sus guedejas.
El
entorchado ciclón
bramaba por
la riberas
alzando
tromba de palos,
hojarascas y
malezas.
Y en el
centro iba la niña
como raptada
princesa;
viajaba
entre mariposas,
orquídeas y
madreselvas.
El Lobo,
desesperado,
buscaba paso
en la vega;
y al fin,
con salto suicida,
se lanzó a
la torrentera.
Ya va el
hocico entre espumas
hacia la
opuesta ribera…
mas lo
arrolló la creciente
por entre
tumbos y piedras.
Y perdióseme
a lo lejos
tras de las
últimas vueltas;
se diluyó
entre las aguas
nuestro
heroico centinela.
Yo recogí la
sandalia
reliquia de la Mireya,
quien por
momentos se hacía
más lejana y
más pequeña.
El arrebol
del ocaso
la rebujó
entre sus nieblas,
y en el
llanto de mis ojos
se diluyó mi
princesa.
A casa corrí
yo entonces
a decírselo
a mis padres,
mas no
encontraba razones
con que
poder explicarles.
La culpa fue
del ciclón
que arrebató
en su vorágine
cometa,
ramas y flores
y a mi lirio
de los valles.
Jamás
pudieran creerme
lo de la
niña en los aires:
¿una cometa
de pliegos
y otra
cometa de carne?
Colgaba del
cinturón,
que pudiera
reventarse,
y ella en
los montes caer
y no
encontrársela nadie.
Río abajo
¿dónde iría
su noble
perro a orillarse?
¡Y mañana
volarían
zamuros
sobre el cadáver!
Rumiando
tantas desdichas
a la casa
iba acercándome
con un
enredo de pitas
y otro
enredijo de afanes.
La sandalia
de Mireya
la escondí
bajo los mangles,
no fueran a
imaginar
algún peor
desenlace.
Presintiendo
un infortunio
salió a la
cerca mi madre
con un papel
que decía:
Besos y abrazos, a lápiz.
Un telegrama, le dije,
que se voló por los aires.
(Y oculté
furtivamente
las sedas
rojas que traje).
Rojos eran
los retazos
Y más rojo
mi semblante;
mamá notó mi
vergüenza
y empezó a
intranquilizarse.
Al patio de
veraneras
me presenté
palpitante,
con los ojos
inundados
y sin poder
expresarme.
Para colmar
mi bochorno
llegaron
unos zagales
con la
sandalia gemela
que toparon
en el valle.
¿Y Mireya…? claman todos.
¿Quedó la niña en el valle?
No está en la tierra, les dije,
Mireya está por los aires.
¡Cómo así?
prorrumpen todos.
Amarré a la niña el cable
y el
cable la levantó
por encima de los Andes;
desde aquí se ven brillar
dos punticos en la tarde:
el de arriba es la cometa,
y el de abajo… pues el ángel.
Se alarman
ante lo cierto
del
increíble percance;
lloraban mis
hermanitas,
me
reprochaban los grandes.
Mis hermanos
organizan
comisiones
de rescate:
linternas,
lazos y perros;
lágrimas,
sustos y afanes.
Y emigran
por el portón
a cruzar
montes y valles,
cuando el
sol de los venados
ruborizaba
los Andes.
Quedó la
casa en silencio
como jaula
sin turpiales;
y asomó la
luna llena
tan redonda,
limpia y grande.
Mientras yo
le repetía
la
explicación a mi padre,
mamá,
llorosa, seguía
su estrellita de la tarde.
Cruzaron peñas
y río,
y otro río y
otras peñas,
a la lumbre
misteriosa
de la luna y
las estrellas.
Extenuados
de fatiga,
de
incertidumbre y de pena,
no quisieran
regresar
sin
hallarla, viva o muerta.
Mamá lloraba
sus rezos
ante
imágenes y velas,
prometiendo
tantas misas
y empezando
más novenas.
Papá en
silencio adoraba
las letricas
de su reina
de saludo y
despedida:
Besos y abrazos. Mireya.
Yo
dormitaba, vestido,
con inquieto
duermevela,
cual si
estuviera en el valle
maniobrando
la cometa.
Bordaban mis
hermanitas
el traje
azul de Mireya
por si al
cumpleaños venía,
pues mañana
era su fiesta.
Decorado
está el ponqué
de rosada y
dulce crema,
con
palomitas de azúcar
y cinco
velitas nuevas.
La niñera en
el fogón
lloraba con
la candela,
(no por el
humo en los ojos,
sino en el
alma Mireya).
Mientras
tanto la cuadrilla
desistió de
su proeza,
no vay la
noche y los riscos
más
desgracias les trajeran.
Sin hallar
ningún indicio
desconsolados
regresan,
para
temprano volver
con el sol y
nuevas fuerzas.
Aclarando
fue la noche
con gotitas
en las cercas;
despertando
van los trinos
y durmiendo
las estrellas.
Silenciosos
van llegando
con
semblante de tragedia.
Y al entrar
por el portón
al patio de
veraneras,
por la
puerta falsa entraron
el perro
Lobo y Mireya
con la
cometa gigante;
descalza y
pulcra la nena.
Con lágrimas
sonreía
como el sol
tras la tormenta,
y arrebolada
cual cielo
cuando en
aurora se incendia.
¡Aplausos y
gritería!
Disparos,
música y fiesta.
¡Que viva Caperucita!
¡Viva el Lobo y su pareja!
Álzanla,
bésanla, mímanla.
Y tanto se
la pelean
que le
descosen el traje
y en los
cachumbos se enredan.
Ella cumple
con donaires,
con hoyitos
embelesa;
blonda
muñeca de carne
cual Niño
Dios que regresa.
Mamá
volvióse a su cuarto
y apagó todas
las velas,
porque de
nuevo lucía
su estrellita mañanera.
Se santigua
dando gracias
y al
regresar canta o reza:
¡Gloria a Dios en las alturas
Y al hombre paz en la tierra!
Papá dispuso
el degüello
de la más
gorda ternera.
¡La niña nació de nuevo,
resucitamos con ella!
Ascendieron
voladores
con sus
doradas estelas…
y entre los
rizos del humo
los lampos
de las centellas.
Yo enjugaba
mi alegría
con los
retazos de seda;
sin saber
que desteñían,
retiñeron mi
vergüenza.
Echose a
dormir el Lobo
junto a la
insigne cometa,
cual prócer
que sacrifica
su vida por
la bandera.
La niña, en
brazos de todos,
no volvió a
pisar la tierra;
se la
comieron a besos.
Y así
terminó Mireya.
F I N
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V o c a b u l a r i o
Arandela adorno volante alrededor de
la falda
arribar llegar
arrollar atropellar
aurora el amanecer
blondo rubio
cachumbo rizo largo y colgante
centinela vigilante
chicuela chiquilla
ciclón huracán arremolinado
cuadrilla grupo de personas en una
faena común
degüello sacrificio de una res
desenlace final de un suceso
diluir disolver
donaire gracia en el hablar y
accionar
dormitar dormir a medias
duermevela sueño intranquilo
embelesar fascinar, encantar
encabritarse erguirse como un cabro
enjugar secar
entorchado retorcido
esquivo huidizo
estela rastro de
chispas, humo, etc.
extenuado cansado, agotado
flamante resplandeciente
furtivamente a escondidas
guedeja cabellera encrespada
indicio señal de algo
insigne ilustre
jirón retazo de
tela desgarrada
lampo brillo instantáneo
lazo soga
madeja ovillo de cuerdas
madreselva cierta flor silvestre aromática
madreselva cierta flor silvestre aromática
maniobrar manejar
manojo conjunto de mieses, cabellos,
etc.
niñera persona que
cuida a los niños
níveo blanquísimo
ocaso puesta de sol
percance contratiempo
piola cuerda
delgada
pirueta salto gracioso, acrobacia
pita cuerda
delgada
pliego hoja de papel
prócer héroe
proeza hazaña, acción valerosa
pulcro bello y limpio
raptar hurtar
rebujar arropar, cubrir
reliquia objeto apreciable que se
hereda
risco peñasco alto
y escarpado
rizo churco,
crespo, bucle
rumiar masticar nuevamente
sedal hilo, cuerda
semblante cara, rostro
surcar atravesar
talle cintura
tensar templar
topar encontrar
torbellino remolino de viento
torrentera corriente de un río
tromba remolino de aire ascendente
tumbo oleaje
furioso
turquesa piedra preciosa de color azul marino
ulular dar aullidos o alaridos
ventolera remolino de viento
veranera flor del bugambil
vorágine torbellino de viento
zumbadores piezas de la cometa que zumban con
el viento














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