Cuento-Poema
Antonio Silva Mojica
Pinina, salgo a pescar,
dije
invitando a la nena;
y ella,
feliz, trajo al punto
permiso,
caña y muñeca.
Sin
invitarla nosotros
se vino
Lassie, la perra;
de gozo
ladra y aúlla
y
adelantándose juega.
Saltamos a
la barquilla
que jovial
se balancea;
y al
impulsarnos airosos
la sola
brisa nos lleva.
con sus
volátiles prendas,
parece
orquídea preciosa;
es mi hermanita
Catleya.
El huracán
le alborota
capul y
blondas guedejas;
si el viento
le hace cosquillas,
con dos
hoyitos contesta.
Cuando
acarician mis remos
el blando
azul de la ciénaga,
también el
agua sonríe
con dos
hoyitos que juegan.
Flotantes
islas ondulan
como tapiz
de violetas;
de
florecidas tarullas
es la
fluvial primavera.
Lancé con
gusto mi anzuelo;
y amanecí
tan de buenas,
que de
inmediato lo pican
y el nailon
vibra y se templa.
Sale una
inquieta sardina
que nos
salpica sus perlas,
y en el
fondo de la barca
nerviosa
brinca y se suelta.
Prendiola
ufana la niña,
mas luego
sufre y se apena
cuando
advierte que se asfixia
y agonizando
aletea.
En las
rosadas manitas
dorando el
ojo, se aquieta;
y en pago de
la ternura
bruñida
plata le entrega.
Catleya tira
el anzuelo
y una
orquídea se le enreda
con que se
adorna los rizos;
Catleya con
su catleya.
Dispara otra vez la niña
con más
decisión y fuerza,
y en el
disparo aventó
por los
aires la muñeca.
Por el
viento va llorando
como
criatura de veras,
mientras la
dueña se ríe
con
deliciosa estridencia.
Sin vacilar
un momento
lanzose a
nado la perra,
y atrapando
a la llorona
con ella
ufana regresa.
Entre las
fauces caninas
llora otra
vez la muñeca;
Lassie,
escuchando, se angustia
cual una
madre de veras.
No puede
subir a bordo,
pues se
inclina la barqueta;
los remos al
agua caen
y por el
agua se alejan.
Lassie pugna
por subir,
nosotros por
detenerla;
y en pago a
nuestra repulsa
nos alarga
la muñeca.
A mano
achico la barca
y a mano
impulsa la nena;
flotamos a
la deriva…
detrás,
nadando, la perra.
Por un
boquete del valle
desbordábase
la ciénaga,
y arrollada
por el flujo
se salió
nuestra barqueta.
Potrero
abajo nos fuimos
como en
veloz lanzadera;
saliose el
agua del bote
y entró de
un salto la perra.
Cual tobogán descendemos
por la fugaz
torrentera,
y a parar
vamos al río
como
flotante corteza.
Blancas
espumas desfilan
por la
planicie viajera,
y emigran
flores y frutas
entre
despojos de selvas.
En cada leño
una garza
meditabunda navega,
cual
prendedores de nácar
o cual
desfile de reinas.
Caimanes sobre la playa
Caimanes
sobre la playa
con su
sonrisa que aterra;
tortugas van
a esconderse
sin borrar
sus propias huellas.
Entramos a
remolino
que nos da
vueltas y vueltas…
y entorno,
desesperados,
alzamos
gritos y señas.
Por suerte
nos desechó
la vorágine
siniestra,
y en dejando
el remolino
topamos con
la subienda.
Al azotar el cardumen
con nuestras
cañas de pesca
volaban los
bocachicos
y asaltaban
la barqueta.
Lassie
gruñendo de gozo
machacaba
las cabezas;
Pinina
volviose gritos
de
entusiasmo y de sorpresa.
Por encima
de nosotros
un gavilán
se descuelga
y arrebata
un pececillo
del fondo de
la barqueta.
Como
escuadrilla de aviones
los
alcatraces planean
señalando
azules mares
con la punta
de su flecha.
Rojizo el
sol acuatiza,
rojiza el
agua se incendia;
rosadas
garzas emigran
como jirones
de seda.
Se perdieron
las orillas,
la
superficie se encrespa;
en el cielo
entra la noche
y en el mar
nuestra barqueta.
Salmuera son
estas aguas
que ya con
otras se mezclan;
tan solo
brillan relámpagos
y en el mar
fosforescencias.
Tiritando
voy de miedo
sin
decírselo a Catleya;
perra y niña
se acomodan
y abrazadas
se consuelan.
Nos sacuden
fuertes olas,
nos salpican
y amedrentan;
restallan
sus coletazos
tiburones y
ballenas.
Mientras
tanto en el hogar
consternación
y amargura;
la radio
alarma y exhorta,
las
comisiones nos buscan.
Cien barcas
de pescadores
invadieron
la laguna;
despliegan
sus atarrayas,
chasquean
las plomaduras.
Hombres-rana
se sumergen,
bomberos el
lago alumbran;
hallaron
cañas de pesca
y utensilios
de chalupa.
Llegan
blancas enfermeras
con drogas y
con ternura;
mineros con
escafandras
exploran
grietas y grutas.
Mientras
recorren las islas
los soldados
en patrullas,
carabineros
montados
por la
orilla se apresuran.
No
encontraron el boquete
por donde el
lago se fuga,
por donde
huyo la barquilla
liviana como
la espuma;
pues el nivel descendió
cuando
cesaron las lluvias;
tan solo
hallaron los remos
cautivos en
la tarulla.
Las
campesinas se asoman
a divisar la
laguna;
y, cual
madres, se imaginan
que son sus
propias criaturas.
Urgentes
botes atruenan
con alboroto
de espumas;
sobrevuela
un helicóptero
que más
atruena y asusta.
Niñas-escaut
con linternas
hacia el río
se aventuran,
y a media
noche hacia el mar
en temeraria
chalupa.
Preguntan a
las canoas,
a las
cabañas preguntan;
nadie sabe
de los niños,
aunque todos
conjeturan.
Por los recodos
sombríos
sus
reflectores nos buscan,
y en
cualquier bulto que flote
nuestros
cuerpos se figuran.
Registran los lavaderos
que a las
orillas se ocultan,
por si acaso
entre la ropa
se ven
nuestras vestiduras.
Al fin
penetran al mar.
sereno como
laguna;
y en el mar
tan solo encuentran
los luceros
y la luna.
Se les apaga
el motor
por
desgracia o por fortuna;
y a las
corrientes marinas
abandonan
suerte y ruta.
Palpitan los corazones
de
incertidumbre y angustia,
mientras
guiñan las estrellas
en la
infinita negrura.
Mientras
tanto en el hogar
se
arrodillan en la gruta
para rezar y
llorar
por la
pareja difunta.
Mamá
encabeza el rosario,
furtivo
llanto le alumbra;
las niñas
rezan y lloran
entrecortando
la súplica.
Papá se
asoma otra vez
a divisar la
laguna,
pero también
a ocultar
los sollozos
y la angustia.
La niñera
vio entre sueños
mecidas al
mar, dos cunas;
y que luego
se borraron
porque el
mar era una tumba.
A cierto islote llegamos
A cierto islote llegamos
en la
oscilante barquilla,
y una tribu
la sacó
de rastras
con la manila.
Temblaba
Lassie de miedo,
nuestra
lengua enmudecía;
alboroto de
salvajes,
tambores y
gritería.
Llamaradas
de la leña,
calderos
sobre la pira;
y una ronda
de danzantes
al son de
las chirimías.
Llega el cacique soberbio
con plumas y
orfebrería;
pide que a
Lassie, por bella,
se le
perdona la vida.
Llega la
reina con joyas
y se prendó
de la niña;
y aunque sus
labios callaban
sus ojos se
humedecían.
Condenóseme
a inmolar
a fuego
lento mi vida.
Catleya se
me abrazó
llorando a
lágrima viva.
Con
lastimeros aullidos
Lassie,
ululante, plañía;
escucháronla
los lobos
de la
cercana manigua.
Y asaltó a
los aborígenes
desenfrenada
jauría;
desparramose
la tribu,
la hoguera
nos defendía.
Con astillas
inflamadas
cercaron la
monarquía,
y entre
corona de llamas
la Corona
dictamina:
-
¡Maldición! dijo el cacique,
por atentar contra vidas.
Y el
ejército de teas
amedrentó a
la jauría.
Era una
tribu ignorada
que al
tiempo de la Conquista
perdió tesoro
y palabras
y aprendió
las de Castilla.
Condenóseme
a emigrar
a solas por
la bahía,
y en una
balsa sin remos
lanzáronme a
la deriva.
Lanzose a nado la perra
y a regresar
me impelía;
los indios
no la flechaban
porque
Lassie era del zipa.
-
¡Maldición! gritaba el rey,
¡Que muera
entonces la niña!
-
¡Con la niña muera yo!
clamó la
reina con ira.
-
¡Con reina y todo, que muera!
dijo el
hombre, y la embestía.
Las
incendiarias antorchas
contra el
jeque arremetían,
y acosado
por las llamas
nos concedió
su amnistía:
-
Devolved, dijo, a ultramar
lo que ultramar nos envía.
Nota. En
estas estrofas el cacique de la tribu
se denomina
también zipa, jeque y rey.
Dijo el zipa
y se marchó;
la reina
impone a la niña
sobre los
rizos dorados
una
guirnalda de orquídeas.
La tribu se
aderezaba
con plumas y
perlería;
y embarcados
nos escoltan
en ruidosa
despedida.
Alzan todos
a cantar
ululante
melodía
que
impresionada la perra
ululante
repetía.
Con la ocurrencia de Lassie
trocaron el
llanto en risa,
mientras la
reina en la playa
furtivamente
plañía.
Sus joyas no
le alegraban,
que su joya
era la niña;
no le daba
Dios pimpollos,
y este
retoño perdía.
Pinta el
alba su arrebol;
y en las
corrientes marinas
(las mismas
que nos trajeron)
viene la
barca de niñas.
Las
canciones colombianas
se confunden
con las indias,
y las
lágrimas se mezclan
con la
música y las risas.
Trasbordo de
pasajeros,
trasbordo de
algarabías;
cual
carnaval de disfraces
o festival
de alegrías.
Intercambio de plumajes
Intercambio
de plumajes
por
linternas y chalinas;
de macanas y
de flechas
por joyas de
fantasía.
-
¿Non
quisiérades andar
con indios la travesía?
A vuesas tierras irá
la nuéstra marinería.
Dijo un
boga, y escuchó
la
entusiasta gritería;
y enrumbamos
a Colombia
con los
remos y las brisas.
La chalupa remolcaba
de cabestro
las barquillas;
era un
racimo de botes
engarzados
en manilas.
La niña,
reina del mar,
con lágrimas
sonreía
bajo el oro
de sus bucles
y la
guirnalda de orquídeas.
Cambié mi
caña de pesca
por un penacho
del zipa;
por una piel
de jaguar
y unas
chinelas de ardilla.
Pinina dio
su muñeca
por un
collar de conchitas,
por dos
pulseras de nácar
y ajorcas de
campanillas.
Al recibir
la muñeca
gritó
asustada la indígena,
pues la
muñeca lloró
por arte de
brujería.
Lassie,
estrenando un collar
de huesos y
de semillas,
comenzó a
mascar sus “joyas”
pues en
ayunas venía.
Las indias
nos maquillaban
con achiote
y anilinas,
y nos
vistieron de flecos;
ni Lassie
nos conocía.
Por fin el
mar se acabó
y ascendemos
río arriba;
y atracamos,
con el sol,
en las vegas
de la finca.
Invadimos el
hogar
disfrazados
como indígenas;
nos ladraban
nuestros perros,
mas con
Lassie se entrevistan.
Asombrados nos observan
nuestros
padres y hermanitas,
sin saber
cómo explicarse
tan
camuflada pandilla.
Pero el
instinto materno
descubrió la
picardía,
y
abalanzose a besar
el rostro de
su indiecita.
Reventaron
los aplausos,
las lágrimas
y las risas;
y estallaron
muchos besos
en las
pintadas mejillas.
Como
andábamos teñidos
con achiote
y anilinas,
contagiamos
con los besos
a mi madre y
hermanitas.
Mamá pañó la
guitarra;
y en ronda,
con alegría,
danzamos
como los indios
que
cocinarnos querían.
Y aquí
termina el romance
de la
inocente barquilla,
que comenzó
con percances
y acabó con
sinfonías.
F I N
_________________________________
F I N
_________________________________
V o c a b u l a r i o
Aborigen indígena
achicar sacar el agua de la canoa
achiote tintura roja de cierta fruta
aderezar arreglar, adornar
airoso alegre, con garbo
ajorca argolla ornamental tobillera
a
la deriva a merced del
agua, al garete
alba el
amanecer
alcatraz pelícano, ave marina
algarabía gritería confusa
amnistía perdón por delitos
arcaísmo palabra o frase anticuada
astilla fragmento, especialmente de madera
atarraya red para pescar al boleo
atracar arrimar el barco a la orilla
atrapar agarrar
balsa plataforma de palos flotantes
blondo rubio
bocachico cierto pez de boca pequeña
bruñido brillante
bucle rizo del cabello
cabestro soga para conducir bestias
cachumbo rizo largo y colgante
caldero olla metálica
camuflar mimetizar, disfrazar
canino de perro
capul corte rectilíneo del pelo
frontal
carabina pequeño fusil
carabinero soldado que usa carabina
cardumen banco de peces que avanzan
cacique jefe indígena
catleya orquídea emblemática de Colombia
ciénaga laguna panda
conjeturar suponer, sospechar
consternación gran turbación del ánimo
chalina pañoleta elegante
chalupa lancha, bote
chasquear dar chasquidos
chasquido ruido propio del látigo
chinela sandalia elegante
chirimía especie de clarinete indígena
escaut explorador (scout)
emigrar salir, viajar
escafandra traje de buzo
escoltar acompañar
estridencia ruido
exhortar rogar, suplicar
fauces hocico
flujo corriente de un líquido
fluvial de río
fosforescencia
cierta luminosidad
fugaz huidizo
furtivo oculto, disimulado
garbo gracia, elegancia
garete,
al llevado por el agua, sin
control
guedeja cabellera
guiñar parpadear con un ojo
guirnalda corona abierta ornamental
impeler impulsar
inflamar quemar, incendiar
inmolar sacrificar
islote isla pequeña
jauría manada de perros o de lobos
jeque jefe de una tribu
jerigonza palabrería ininteligible
jirón trozo desgarrado de una tela
jovial amable, alegre, festivo
lacustre propio de las lagunas
lanzadera carretel naviforme que va y viene
macana lanza indígena, de madera dura
machacar aplastar
manila soga, lazo
manigua bosque, matorrales
nácar material irisado de las conchas
nailon hilo sintético
naviforme en forma de barquilla
orfebrería arte y objetos de oro
penacho copete de plumas
percance aventura, emergencia
pimpollo renuevo; niño hermoso
pira hoguera, fogata
plañir llorar, lamentarse
plomaduras plomos para que se hunda la red
prendarse encariñarse, enamorarse
proa parte delantera de la
embarcación
quisiérades
quisierais (arcaísmo)
pugnar luchar, esforzarse por
repulsa rechazo
restallar hacer un fuerte ruido
romance poema de cierta clase; noviazgo
sinfonía conjunto de voces e instrumentos
sintético elaborado químicamente
subienda cardumen, banco de peces
tapiz alfombra
tarulla hermosa violeta lacustre, flotante
tea antorcha
temerario demasiado atrevido
tobogán deslizadero para caer al agua
topar encontrar
torrentera corriente impetuosa
ufano alegre, triunfante
ultramar región tras el mar
ulular dar alaridos
vacilar dudar
volátil que
vuela
vorágine remolino de agua, de viento, etc.
vuesas vuestras (arcaísmo)
zipa cacique,
jefe indígena






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